|
| |
Conocer a los nuevos consumidores europeos
Ponencia en el
III Congreso de Directivos CEDE
Valencia, 25 de noviembre de 2004
Por Guillermo Bosovsky Favre
Director de DOXA |
 |
1. Escenario de retos
y oportunidades para los empresarios españoles:
El
hecho de que estemos hablando de “Dirigir empresas
en la nueva Europa” implica el reconocimiento
de una realidad dinámica, en tres sentidos:
- En
primer lugar, se está produciendo un cambio
de escenario para las empresas españolas a
partir de la incorporación de los nuevos socios
a la Unión Europea, y este cambio de escenario
tiene como consecuencia la aparición de amenazas
y oportunidades inéditas hasta ahora.
- En
segundo lugar, no cualquier empresa puede internacionalizar
su negocio. Sólo pueden hacerlo aquéllas
que se encuentran en una etapa adecuada dentro de
su proceso evolutivo. Por otra parte, la propia perspectiva
de internacionalización del negocio es un potente
motor evolutivo. Además, la internacionalización
es un proceso que supone la consecución de
varias etapas sucesivas y crecientes, que transforman
radicalmente la vida de las empresas.
- Y
por su parte, los países recién incorporados
a la Unión Europea están teniendo profundos
cambios (ya los vienen teniendo desde la transformación
de sus economías hacia el modelo capitalista,
la occidentalización de sus sociedades y su
inclusión en el mundo globalizado, y en este
momento se está produciendo un nuevo salto
cualitativo por su ingreso en la UE). Esto implica
que ya estaba teniendo lugar una enérgica transformación
de los mercados internos de estos países, y
de las pautas de comportamiento de sus consumidores,
y que a partir de ahora se producirá una aceleración
en estos aspectos.
Este
triple dinamismo –cambio del escenario, cambio de
nuestras empresas y cambios en esos nuevos mercados–
exige a los empresarios españoles un replanteamiento
profundo de sus negocios. La ampliación de la Unión
Europea que ha tenido lugar en mayo de 2004 es la más
importante de las cinco que han existido hasta hoy, y
tiene un impacto económico, político y social
sin precedentes.
La
superficie europea crece un 30%, la población se
amplía en 74 millones de habitantes, y el PIB se
incrementa un 5%.
Esta
ampliación en principio traerá beneficios
tanto a los antiguos como a los nuevos socios, porque
transforma a Europa en la segunda potencia económica
y política mundial, después de EEUU, y aporta
a la región una alta estabilidad y un fuerte factor
de progreso. Pero no todos ven con optimismo los
posibles resultados de esta ampliación:
Para
estos países ha sido muy duro cumplir los ajustes
que fueron necesarios para ser admitidos, y parte de
las expectativas que tenían sus ciudadanos se
enfrían ahora por las restricciones a la libre
circulación de trabajadores y por la inseguridad
respecto a los beneficios reales que les aportará
la incorporación. Temen que se produzca un aumento
de precios, un crecimiento de la inflación, un
incremento del paro, y el cierre de empresas locales
por su escasa capacidad competitiva frente a la posible
entrada masiva de negocios de Europa Occidental. Recelan
por la supuesta reducción de su soberanía
política, y temen que quizá no se llegue
a considerarlos al mismo nivel que los otros europeos
de la Europa de los Quince. También tienen dudas
sobre si podrán aprovechar realmente los posibles
beneficios de haber entrado en la Unión Europea.
En
este contexto, una parte de la población de los
diez nuevos miembros puede desarrollar sentimientos
nacionalistas y euroescepticismo, y pueden dar apoyo
hacia políticos populistas que expresen sus frustraciones
y ofrezcan un discurso antieuropeo.
Por
su parte, muchos europeos occidentales temen que esta
ampliación traiga consigo la entrada masiva de
inmigrantes de los países del Este, temen que
el retraso de las estructuras de estos países
cause problemas en Europa, ven con gran recelo la existencia
de importantes focos de corrupción, y temen que
estos países reciban más de los occidentales
que lo que ellos aporten.
¿Qué implicaciones tiene la ampliación
para los empresarios españoles?
Después
de dieciocho años del ingreso de España
en el club europeo, que tantas repercusiones ha tenido,
esta nueva ampliación implica retos y oportunidades
importantes para los empresarios españoles, que
se encuentran en un entrecruzamiento singular de amenazas
y de fortalezas.
España
era hasta ahora uno de los países que más
se beneficiaba de los presupuestos y los fondos estructurales
de la Unión Europea, y esto se perderá
en beneficio de los nuevos socios (recordar que el PIB
por habitante de España duplica al PIB por habitante
de cada uno de los nuevos países europeos).
Además,
la ampliación europea podrá acentuar (aunque
probablemente no de un modo generalizado) los fenómenos
de deslocalización y de desinversión debidos
a la combinación de varios factores:
- Por
un lado, los nuevos socios tienen mayor proximidad
a mercados de consumo importantes, como el alemán
y el creciente mercado ruso.
- Los
costes salariales en los nuevos países son
cuatro veces inferiores a los de España y seis
veces inferiores a la media de los Quince. El coste
mensual medio de la mano de obra es de más
de 2.000 euros en España, la media de la Europa
de los Quince es de alrededor de 3.200 euros, y en
cambio la media de los diez países ahora incorporados
es de poco más de 500 euros.
- El
número de horas mensuales trabajadas en los
nuevos países es de 150, mientras que en España
y en la media de los Quince es de 143.
- La
población de los nuevos socios europeos tiene
un alto nivel de formación y de cualificación
profesional, equiparable o superior en algunos casos
al de los españoles y europeos de los Quince.
Por
otra parte, los empresarios españoles están
en relativa desventaja frente a los de otros países
de la Europa de los Quince para llevar negocios a los
recién incorporados, debido a la mayor distancia
geográfica y cultural que los separa de éstos.
Por ejemplo, sólo un 10% de los españoles
han visitado alguna vez alguno de los países recién
incorporados, mientras que lo han hecho el 81% de los
austriacos. Lo mismo ocurre en lo relativo a las relaciones
económicas: sólo un 2% de las importaciones
de estos países provienen de España. En
este sentido algunos competidores de nuestro entorno,
como Alemania y Francia, llevan ventaja a las empresas
españolas.
A pesar de que estas realidades puedan suponer debilidades
o amenazas, España tiene algunas fortalezas y
oportunidades respecto a los nuevos socios.
- Una de ellas es un mayor índice de productividad
que, aunque es inferior al de otros países
europeos, es -con la sola excepción de Chequia-
entre 2 y 2,5 veces más alto que el de los
países recién incorporados.
- En los mercados de los nuevos países europeos
la capacidad de compra de los consumidores tiene un
importante potencial de crecimiento, sobre todo en
los emergentes sectores sociales medio-altos y altos.
- El crecimiento económico de estos países
previsto para 2004/2005 es del 4,1%, prácticamente
el doble que el previsto para la UE, que es del 2,2%.
- Una ventaja que tienen los directivos españoles
ante estos nuevos socios europeos es que disponen
de más “rodaje” en la gestión
de proyectos empresariales y en la utilización
de los recursos del marketing, la comunicación
y los modernos sistemas de comercialización,
con una experiencia adquirida en contextos de gran
dureza competitiva.
En esta situación, los empresarios españoles
tienen la oportunidad de internacionalizar sus negocios,
no sólo mediante la exportación de productos
y servicios, sino también mediante las diversas
fórmulas posibles de inversión, y en este
caso los bajos costes salariales y la alta formación
profesional del personal se transforman en una posible
fortaleza.
Casi dos tercios de los empresarios españoles
piensan que sus negocios se podrán ver beneficiados
o estimulados con la ampliación, y entre el 80
y el 90 %, según los sectores, cree que la ampliación
fortalecerá a la Unión Europea a nivel
internacional y producirá un efecto estimulante
sobre sus empresas.
Sin embargo, la Confederación Española
de Directivos y Ejecutivos hizo en noviembre una encuesta
on-line, en la que preguntaba:
“¿Prevé
su empresa acometer proyectos empresariales en los países
recientemente incorporados a la Unión Europea?”,
y
al parecer los resultados mostraron que sólo
la quinta parte de los directivos de empresas españolas
que respondieron considera esa posibilidad:
Es probable que una parte de los empresarios españoles,
aunque no prevean acometer proyectos empresariales en
estos países, al menos piensen en la necesidad
de prepararse defensivamente para resistir ante la nueva
posible competencia (mediante mejora de la calidad de
productos y servicios, innovación, desarrollo
tecnológico, productividad y reducción
de costes).
Pero,
teniendo en cuenta las características del tejido
empresarial español (un 99% de pymes) y su baja
experiencia internacional, es de suponer que la gran
mayoría ni siquiera se está planteando
el tema.
Sin
embargo, es importante para los directivos españoles,
independientemente del tamaño de sus empresas,
adquirir conocimiento sobre las realidades de estos
nuevos países europeos y consolidar su formación
sobre materias que les ayuden a internacionalizar eficazmente
su actividad, porque el nuevo escenario europeo va a
terminar afectando directa o indirectamente a todas
las empresas.
La
presencia de empresas españolas en esta región
geográfica es muy inferior a la que tienen otros
países europeos, como Francia, Alemania o Italia.
No
obstante, las exportaciones españolas hacia el
conjunto de los nuevos países europeos han tenido
ya un crecimiento muy alto en el período 1999/2003,
y alcanzan actualmente al 3,1% del total exportado por
España.
Además,
varias importantes empresas españolas están
ya invirtiendo ahí, y muchas otras están
dando los primeros pasos para llevar sus negocios a
estos mercados.
La
ampliación de la Unión Europea es ya una
realidad, y teniendo en cuenta las oportunidades y riesgos
que entraña, y las expectativas y temores que
despierta, es un reto trascendental para los empresarios
españoles conseguir adaptarse y, en los casos
en que sea posible, gestionar en su beneficio este inexorable
e intenso nuevo proceso de cambios que se avecina.
2. Los mercados y los
consumidores de los nuevos países europeos:
La
sociedad de los nuevos países de la Unión
Europea se encuentra muy polarizada entre una minoría
rica y una inmensa mayoría muy pobre, mientras
la clase media es insignificante.
La
minoría de personas de clase media alta y alta,
casi todos residentes en las respectivas capitales,
muy informados y exigentes, consumen productos de más
calidad y más caros, y son los que tienen interés
por los productos importados y los productos de marca.
Las
personas de esta minoría privilegiada aspiran
a vivir como los europeos. Tienen pautas de consumo
aspiracional, conocen productos, marcas y signos de
representación social del éxito, prefieren
comprar productos de calidad y prestigio reconocidos,
y están dispuestos a pagar altos precios por
tenerlos. Muchos de ellos tienen desde hace tiempo un
gran contacto con Europa Occidental.
En
contraste con los comportamientos de esta minoría
rica, la gran mayoría de los consumidores ha
quedado empobrecida por los cambios económicos
y estructurales. Su capacidad de compra es muy reducida,
renuncian a la calidad y buscan los precios más
baratos. Obviamente, no acceden a la compra de productos
importados.
Una
incipiente y limitada clase media compra ocasionalmente
algún producto importado, atraída por
la novedad y la calidad, pero de todos modos mira mucho
el precio.
Los ciudadanos de los países del Este ahora
integrados en la Unión Europea han vivido con
ilusión los grandes cambios que ocurrieron en
el contexto de la caída del muro de Berlín
y la entrada en el mundo occidental con sus nuevas reglas
de juego, pero una parte importante de la población
todavía necesitará tiempo para asimilar
estos cambios, adaptarse y encontrar formas de supervivencia
y consumo en la nueva realidad.
Los
consumidores de estos países tenían un
atraso histórico en sus opciones de compra, y
repentinamente hubo una inundación de productos
y de sistemas modernos de distribución comercial,
que constituyó un verdadero hito de transformación
en las expectativas de consumo.
Por
este motivo en varios de estos países, como por
ejemplo en Polonia, hubo unos años de excitación
consumista. Se compraban los productos de marcas conocidas
y predominaba el entusiasmo por la variedad y renovación
rápida de los productos comprados. En ciertos
aspectos las actitudes de los consumidores durante esa
etapa, tanto en sus comportamientos de consumo como
en sus aspiraciones y sus relaciones con el dinero,
tenían semejanza con algunos rasgos que en España
hemos conocido como Cultura del Pelotazo a fines de
los años ochenta.
En
algunos de los países ese mundo entró
en crisis hace unos años, y a partir de ese momento
el objetivo de comprar lo más barato posible
se ha transformado en el principal criterio para la
gran mayoría de los consumidores.
Esto
no excluye que la minoría pudiente siga comprando
productos de marca, de gama alta, productos importados
de prestigio, productos de representación social
y en algunos casos de ostentación del éxito.
Otro fenómeno que caracteriza la situación
actual es la transformación de las estructuras
de distribución y comercialización. La
entrada de los grandes hipermercados europeos, de las
cadenas de supermercados de proximidad, los centros
comerciales y de ocio, han transformado los hábitos
de compra y ha llevado a la desaparición de una
parte importante del comercio tradicional. Los comportamientos
de compra de los consumidores se van pareciendo cada
vez más a los de los europeos occidentales.
Las
transformaciones de las estructuras comerciales y de
los hábitos de compra se producen casi exclusivamente
en las grandes ciudades. Las pautas de consumo de las
zonas rurales, de gran peso en estos países,
son completamente distintas y siguen siendo muy tradicionales.
También
se observan importantes diferencias entre los comportamientos
de consumo, vestimenta, hábitos de compra, etc.,
de los jóvenes y de las personas mayores. Los
primeros, como ocurre en los países de Europa
Occidental, son más marquistas y más preocupados
por la imagen.
En
algunos de estos países, como es el caso de Polonia,
los miembros de la élite económica actual
tienen una edad de 35 a 40 años. Tenían
la edad adecuada cuando se produjo el cambio del sistema
y el comienzo de buenos momentos económicos.
Muchos de ellos hicieron dinero rápido hace unos
años, y se han sostenido a pesar de las crisis
posteriores.
En
contraste, las personas mayores tienen graves problemas
para llegar a fin de mes. Las pensiones son muy reducidas.
Por otra parte, en muchos casos no tienen hábitos
culturales y de ocio como los de España y otros
países europeos. Los mayores se encuentran casi
al margen del sistema y de muchas formas cotidianas
de disfrute de una calidad mínima de vida.
Es
probable que la austeridad de la mayoría de los
consumidores continúe predominando durante bastantes
años, aunque el ingreso en la Unión Europea
produzca un crecimiento económico y un progreso
social.
Las empresas españolas que se embarcan en este
proyecto tienen que estudiar cuidadosamente las características
singulares de estos mercados, las particularidades culturales
y las especiales pautas de compra y consumo que tienen
los distintos grupos sociales.
3. Marketing e investigación
de mercados para hacer negocios en estos países:
Internacionalizar
el negocio implica no sólo llevar a otros países
una inversión de capital financiero y tecnológico,
sino también una inversión del know how
de la empresa, poner en acción su capital intelectual
en los nuevos mercados.
No
sería viable internacionalizar la actividad si
en los nuevos países se tuviera que empezar de
cero. Es imperativo ir a los mercados extranjeros con
un criterio de estandarización del negocio. Esto
es más practicable que nunca hasta ahora por
el desarrollo de las comunicaciones, por la globalización
tecnológica, por la generalización de
los canales modernos de distribución y por la
tendencia a la uniformidad mundial de ciertas pautas
de consumo.
Sin
embargo, tal como se ha demostrado en innumerables casos
y se ha argumentado en la sempiterna polémica
al respecto, la estandarización extrema es imposible
para la mayoría de los productos y servicios:
siempre es necesario adaptar los criterios de trabajo,
los productos, los servicios y la comunicación
a las particularidades de cada mercado concreto.
Esta necesidad de prestar atención a las particularidades
de los mercados en el extranjero se hace más
imperativa cuando un empresario español de hoy
quiere llevar su negocio a los países recién
incorporados a la Unión Europea, para intentar
operar con éxito sostenible en medio de los extraordinarios
procesos de cambio que en estos países se están
viviendo.
Y
desde este punto de vista, la gestión del proceso
de internacionalización hacia estos países
implica la resolución inteligente de la tensión
estructural que existe entre la conveniencia de la extrapolación
de las pautas culturales de la empresa y la necesidad
de la adaptación a la realidad que en ellos se
está viviendo.
Siendo
la internacionalización de la empresa un acto
de inversión del saber hacer y del conocimiento
adquirido generalmente en el propio mercado o en otros
mercados distintos a estos nuevos países europeos,
el proceso de descubrimiento de las características
particulares de estos mercados que requieren adaptaciones
por parte de la empresa implica una desconstrucción
de estos conocimientos existentes.
Se
podría decir que la conquista de un mercado nuevo
implica un proceso de gestión del conocimiento
que supone atravesar tres etapas: la extrapolación
etnocéntrica de conocimientos, creencias y prejuicios,
la desconstrucción de estos conocimientos y finalmente
la construcción de nuevos conocimientos, mediante
un reciclado rentable de los conocimientos originarios.
Resolver esta tensión estructural es una “negociación”
entre las dos necesidades contrapuestas y las paradojas
en juego.
Para
gestionar esta resolución de las paradojas con
las que se va a encontrar si lleva su negocio a estos
nuevos países europeos la empresa española
debe estar alerta y no caer en los errores típicos
del etnocentrismo y de las generalizaciones en falso.
Algunos
de estos errores son evidentes y otros son más
sutiles. Vamos a enumerar algunos de los más
probables teniendo en cuenta las características
singulares de estos nuevos mercados:
- Indiscriminación
o generalización entre países.
Si bien casi todos los países recién
integrados en la Unión Europea tienen ciertos
rasgos comunes (como los que señalábamos
antes), entre ellos hay diferencias notables. Unos
son más ricos que otros, unos más modernos,
unos tienen más desarrolladas las infraestructuras,
unos tienen una tasa de paro mucho mayor, unos tienen
mucho mayor nivel de corrupción, unos tienen
un mayor índice de crecimiento, unos son países
grandes e importantes, y otros muy pequeños,
unos entraron tempranamente en la economía
capitalista y la apertura internacional de sus mercados
y otros están comenzando dificultosamente a
dar estos pasos, unos tienen un mayor desarrollo tecnológico
que otros, etc.
- Extrapolación
de significados económicos y de pautas
de consumo de las clases sociales, de las diferencias
rural-urbanas, de las etapas de vida o tramos de edad...
Si bien los polacos, checos, húngaros, eslovenos,
etc. están adquiriendo aceleradamente ciertas
pautas culturales y de consumo occidentales, sus vidas
están sometidas a fenómenos extraordinarios
y muy distintos a los que nos han tocado vivir en
España. Incluso comportamientos en apariencia
semejantes tienen significados muy diferentes en los
contextos de esos países.
- Percepción
estática de la realidad de los consumidores
de estos países. El empresario español
puede caer en el error de sacar conclusiones sobre
lo que puede pasar con su negocio teniendo en cuenta
la realidad actual, sin tener suficiente conciencia
de que esta realidad está sufriendo cambios
extremadamente rápidos e intensos. Dentro de
dos años esos consumidores pueden ser irreconocibles.
- Percepción
sintética y coherente. Es muy común,
cuando se visita a otro país, o cuando la gente
se relaciona con ciertos extranjeros dentro del propio
país, sacar conclusiones sintéticas,
que permitan aparentemente “entender”
sus características y “deducir”
cuáles serán sus estilos probables de
comportamientos y sus valores. Esta síntesis
responde a una necesidad de simplificación
intelectual, que cristaliza prejuicios e impide captar
las contradicciones existentes en las actitudes y
comportamientos de los consumidores.
- Desconcierto
ante la alteración de la relación estudios
- clase social. En nuestro país, y
en casi todo el mundo, hay una total correlación
entre ambos términos: las clases más
altas son las que tienen más alto nivel de
estudios y las clases sociales bajas tienen muy bajo
nivel de estudios. En los países del Este recién
integrados en la Unión Europea se da, por el
contrario, un alto nivel de estudios bastante generalizado,
con un alto nivel cultural y grado de información,
combinado con gran pobreza.
- Dificultad
de adaptación a escenarios distintos.
No sólo legislación, situación
laboral, modo de intervención de los organismos
públicos, sindicatos y otros actores sociales…
sino también contexto competitivo distinto,
relaciones distintas con el dinero, los negocios,
la corrupción, los códigos éticos
en auge y en crisis, etc.
- Distinta
relación de los consumidores con el marketing,
la publicidad, la actividad promocional, el merchandising,
etc. En estos países se da una situación
paradójica: por un lado los consumidores están
muy bien informados y son muy inteligentes y cuidadosos
en sus procesos de elección y compra. Están
acostumbrados a sobrevivir en contextos de presión
propagandística y de dureza económica.
Pero al mismo tiempo tienen menos entrenamiento cultural
como receptores de actividades publicitarias, comerciales,
promocionales, de merchandising, etc. Es posible que
al empresario español le cueste interpretar
adecuadamente esto y tenerlo en cuenta en el enfoque
de su negocio, en sus relaciones con los clientes,
en las estrategias de marketing y comunicación.
- Dificultad
de interpretar la singularidad en la relación
de estos consumidores con las marcas, con los referentes
de orgullo-ostentación, y con los precios.
- Confusión
ante
tres posibles características que pueden incidir
en el éxito o fracaso del negocio en estos
países: existe baja conflictividad
laboral y baja fuerza sindical, pero potencialmente
puede darse la emergencia de tendencias populistas
hostiles hacia la Unión Europea y hacia las
empresas extranjeras.
Para reducir los riesgos y gestionar con eficacia estas
contradicciones, a los empresarios españoles
les conviene poner interés en la gestión
estratégica de la imagen de sus marcas, cuidar
el posicionamiento y la identidad de origen de las empresas,
estar atentos a las oportunidades del marketing social,
evitar verse envueltos en escándalos por corrupción,
preocuparse por la gestión cuidadosa de las relaciones
con los distintos stakeholders, etc.
Es
evidente que para dirigir empresas en la nueva Europa
se necesita información sobre la realidad de
estos países y sobre las pautas de comportamiento
de los consumidores. Para esto es necesario hacer estudios
de mercado basados en el análisis de fuentes
de información secundaria y mediante la utilización
de encuestas y análisis estadísticos sobre
los consumidores. Pero para evitar el riesgo de interpretar
la información según esquemas culturales
españoles es necesario también realizar
estudios cualitativos, que permitan escuchar directamente
a consumidores, empresarios, distribuidores e informantes
cualificados.
Quizá el estímulo a la internacionalización
que esta ampliación europea producirá
sobre los empresarios españoles contribuya a
que se desarrolle la cultura de marketing en España,
tan necesaria no solamente para poder llevar los negocios
a los nuevos países de la Unión Europea,
sino además para que los negocios sean sostenibles
en el más duro escenario competitivo que se avecina
también en el mercado español.
volver al inicio
|