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Escuchar
al "Cliente"
Artículo publicado
en el Anuario de Comunicación de DIR COM, Asociación
Española de Directivos de Comunicación, 1998
Por Guillermo Bosovsky Favre
Director de DOXA |
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Cuando las empresas llevan a cabo sus
estrategias y sus proyectos de comunicación piensan
en los destinatarios de sus mensajes. Piensan en ellos,
los imaginan, se preocupan por ellos, pero en la gran
mayoría de los casos no los escuchan. Es decir, no los
escuchan de una manera eficaz, suficiente en representatividad
y profundidad, razonablemente rápida y con el menor
coste posible.
Los
públicos internos y externos destinatarios de las campañas
son algo más que un "target group" al que van dirigidos
los mensajes como si fuesen proyectiles. Son protagonistas
y destinatarios del proyecto de comunicación. Son los
que lo pueden llevar al éxito, son los beneficiarios,
los interlocutores naturales a quienes van dirigidos
los mensajes y con quienes se procura establecer un
vínculo de entendimiento, conseguir la aceptación de
un producto, un servicio, unos valores, unas consignas,
y potencialmente crear una alianza o un vínculo de fidelidad.
El
conocimiento espontáneo y desordenado que en las empresas
ya se tiene sobre todos estos "clientes" o interlocutores
sociales es poco aprovechable si no se realiza, con
la ayuda de un profesional cualificado, un trabajo formal
de puesta en valor de ese saber. En la práctica, el
saber espontáneo existente funciona como un ruido que
impide comunicarse con los públicos.
Muchas
empresas confunden la necesidad de escuchar y entender
con la de poseer abundancia de información, y ésta es
generalmente excesiva y en parte estéril. En algunas
ocasiones, las empresas encargan una encuesta para tener
más datos sobre las actitudes, comportamientos y opiniones
de los clientes o los empleados. Eso no significa necesariamente
que los públicos vayan a ser escuchados, porque son
considerados como objetos de la estrategia, objetos
a ser estudiados, instrumentos para los objetivos de
la empresa, en una concepción intrusiva y unidireccional
de la comunicación.
A
pesar de todas las declaraciones habituales de interés
por el punto de vista de los clientes y de los otros
públicos, la mayoría de las empresas y sus consultores
especializados tiene adormecido el deseo de escuchar,
y en cada ocasión encuentran un pretexto para creer
que escuchar es innecesario, o demasiado engorroso,
o demasiado caro.
La
práctica de la comunicación publicitaria no escapa a
estas contradicciones. Hoy, desde muchos sectores, incluidos
anunciantes y agencias, se alzan voces que denuncian
la pérdida de eficacia que está sufriendo la publicidad,
especialmente en medios masivos. Lamentan los efectos
de la saturación, el zapping, la proliferación de medios
y soportes, la fragmentación de las audiencias, etc.
En el fondo, siguen confiando en su concepción de la
comunicación, y la preocupación se centra en que no
llegan a su destino los impactos deseados. No tienen
plena conciencia del desencuentro creciente que existe
entre los códigos de los emisores y los receptores,
la pérdida de credibilidad de muchos de los mensajes,
la "fatiga" o "empalagamiento" en los consumidores respecto
a los mensajes intrusivos convencionales.
Las
empresas y los especialistas en comunicación, y muchas
de las agencias de publicidad, necesitan revisar su
forma habitual de pensar y de trabajar.
No
estamos hablando simplemente de "investigar",
sino de dar un verdadero salto cualitativo: colocar
al cliente en un lugar de consultor, experto especializado,
staff para el proyecto de la empresa. Para esto se pueden
emplear, renovados, ciertos procedimientos de investigación
cualitativos y cuantitativos ya utilizados desde hace
varias décadas para aplicaciones en el campo del marketing
y la publicidad. Además, hay métodos que se aplican
en trabajos de creatividad, y otras técnicas que se
utilizan tradicionalmente en formación y en el trabajo
en comunidades locales. Un proyecto de comunicación
concreto requiere un diseño ad hoc de consulta a los
públicos. En muchas ocasiones es suficiente con unos
pocos grupos de discusión, a veces complementados con
una encuesta
| En todas las
estrategias de comunicación, sin excepción, es
necesario dedicar algo de presupuesto a escuchar
profesionalmente a los clientes, para colocarlos
en el corazón de los proyectos, incluirlos como
interlocutores interesantes y cualificados, como
aliados, como sujetos que pueden aportar sensibilidad,
inteligencia, creatividad y eficacia. |
De todos modos, la forma en que se utiliza
tradicionalmente la investigación en el campo del marketing
está resultando demasiado pobre y limitada, sin un aprovechamiento
completo de estas poderosas herramientas. Hace falta
una transformación en los criterios, los principios
y los procedimientos de trabajo tradicionales en la
investigación de los públicos. Esta evolución se está
empezando a producir desde hace unos años en el trabajo
de algunos de los investigadores, principalmente los
que utilizan en forma habitual técnicas cualitativas
(dinámicas de grupo, entrevistas en profundidad, grupos
de creatividad... aunque sin excluir las técnicas cuantitativas)
y que además tienen formación y experiencia en consultoría
estratégica, en imagen, comunicación, marketing...
Estos
"investigadores" son los que articulan de manera profesional
y proactiva la voz de los clientes para que ocupen un
lugar central en el diseño y desarrollo de los proyectos
de comunicación. No se limitan a proveer información,
sino que en función del estudio del punto de vista de
los públicos participan (en cada caso en la medida y
en la forma que determinan las circunstancias) en el
proceso de creación, desarrollo y evaluación de las
estrategias de comunicación.
Hoy
en día ya no son válidas las demarcaciones tradicionales
de roles profesionales "puros" que han nacido en contextos
empresariales ya obsoletos. Y es muy empobrecedora la
defensa corporativa de funciones aisladas y pretendidamente
autónomas. En la práctica, resulta evidente que la consulta
a los públicos es al mismo tiempo comunicación, participación,
acción, instrumento para la formación, factor de creatividad,
consultoría estratégica, soporte para el cambio cultural...
y siempre, siempre... un soplo de aire fresco.
Es importante tomar conciencia de que
existe un fuerte obstáculo en la cultura empresarial
y profesional dominantes que inhibe el interés por escuchar
a los públicos, tanto en el campo de la comunicación,
como en el del marketing e incluso, aunque resulte paradójico,
en el de la investigación.
Lo
curioso del caso es que el divorcio existente entre
muchas empresas y sus interlocutores sociales es prácticamente
invisible para la mayoría de los responsables de las
actividades de comunicación, de marketing o de investigación,
y sin embargo ese divorcio está en un primer plano en
el sentir de los clientes, los consumidores, los empleados,
la opinión pública... Lo interesante es que los públicos
están siempre dispuestos a colaborar, dando sus puntos
de vista, informando sobre sus costumbres y sus valores,
advirtiendo cómo perciben los mensajes, explicando cómo
funcionan las cosas en la intimidad de sus vidas cotidianas,
expresando sus demandas y aspiraciones... Es mucho lo
que empresarios y comunicadores pueden aprender de los
clientes, si se deciden a escucharlos. Es decir, si
se deciden a comunicarse con ellos en lugar de limitarse
a "mensajearlos"
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