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Gestión
del Conocimiento y Marketing:
Aprovechar la inteligencia de los clientes.
Artículo
en el Directorio del Club de Dirigentes de Marketing
de Madrid, Año 2000/2001
Por Guillermo Bosovsky Favre
Director de DOXA |
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Nos encontramos en los comienzos de una verdadera revolución
en el mundo empresarial. Al calor del poder innovador
que introducen las nuevas tecnologías y la evolución
de las concepciones de management, las empresas van
tomando conciencia de que su principal activo no está
formado por el capital financiero, las máquinas o el
uso de ciertas tecnologías, sino por el conocimiento.
Algunas
empresas están iniciando la implantación de programas
de Gestión del Conocimiento para desarrollar y aprovechar
ampliamente el capital intelectual que tienen en su
personal, a fin de generar valor y producir ventajas
competitivas en el mercado.
Esto
está empezando a producir importantes transformaciones
en la gestión de los llamados Recursos Humanos, y una
amplia utilización, dentro de ésta, de las tecnologías
de la información y de la comunicación. Mediante la
implantación de programas de Gestión del Conocimiento,
el capital intelectual de los empleados es valorizado
y "mimado" a un nivel inédito.
Sin
embargo, en la mayoría de estos programas de Gestión
del Conocimiento, los clientes todavía son ignorados.
No se tiene suficientemente en cuenta que también ellos
poseen unos conocimientos valiosísimos para la empresa,
que ellos son inteligentes en el ejercicio de su rol
-de hecho son más inteligentes que nunca-, y que existen
técnicas concretas de gestión para captar y aprovechar
su inteligencia.
Hoy
por hoy, la Gestión del Conocimiento se centra en temas
informáticos y de RRHH, y se ocupa principalmente de
los soportes tecnológicos y del desarrollo de programas
para la circulación y socialización dentro de la organización
de los conocimientos de los trabajadores.
En
la Gestión del Conocimiento es evidente que las empresas
tienen demasiadas asignaturas pendientes, y por ahora
el aprovechamiento de la inteligencia de los clientes
está siendo dejado, a nuestro juicio erróneamente, en
la cola de espera. Esta postergación no proviene de
la falta de una sólida cultura de marketing en las empresas,
sino de una omisión que involuntariamente están teniendo
los especialistas en la implantación de programas de
Gestión del Conocimiento, por el simple hecho de que
la gestión de la inteligencia de los clientes no es
su especialidad.
En
efecto, una cosa es saber, de un modo más o menos difuso,
que existen unas técnicas de consulta a los clientes
(por ejemplo las tradicionales encuestas), y otra cosa
es dominar las técnicas, conocer verdaderamente todas
las que son aplicables, cuáles conviene aplicar en cada
caso, para qué sirven, cómo se las utiliza y cómo se
puede aprovechar bien ese capital intelectual en las
estrategias de las empresas…
En
realidad los que tradicionalmente se han especializado
en el desarrollo y la utilización de la variedad de
técnicas de consulta a los clientes son los llamados
investigadores de mercados.
Pero
en la mayoría de los casos incluso estos especialistas
han utilizado muy limitadamente el enorme potencial
que se genera cuando a los clientes se les consulta
en la posición de sujetos inteligentes y no de objetos
a ser estudiados.
Gestionar
en plena potencia el capital intelectual de los clientes
exige revisar los paradigmas que se están aplicando
en la investigación de mercados. Es necesario un cambio
de paradigma, no tanto a nivel de los procedimientos
técnicos, que gozan de muy buena salud y además van
evolucionando siempre a buen ritmo, sino a nivel del
enfoque con el que se hacen los estudios, de sus principios
de trabajo, del lugar que estos estudios ocupan en el
conjunto de la gestión empresarial, y especialmente
del rol del investigador, que debe ser un consultor
estratégico especializado en la gestión y el aprovechamiento
inteligente de la inteligencia de los clientes.
La gestión del conocimiento de los clientes
debe incluir no sólo la inteligencia sobre los
clientes, sino también, y muy especialmente,
la inteligencia de los propios clientes.
Las técnicas que se han desarrollado tradicionalmente
para estudiar a los clientes (poniéndolos como objeto
a ser estudiado) también sirven, reconvertidas con nuevos
criterios, para consultar a los clientes (considerándolos
sujetos capaces de aportar valor a las empresas).
Ejemplos de soportes
técnicos aplicables a la gestión del conocimiento de
los propios clientes.
- Encuestas
de opinión. Un clásico instrumento, que se
nutre constantemente de las nuevas tecnologías para
desarrollar nuevas formas de trabajo. En muchos casos
es utilizado parcialmente, sin aprovechar bien todo
su potencial, pero en otros casos no se conoce su
especificidad y se espera de él la producción de un
tipo de inteligencia que sólo puede ser aportada por
estudios cualitativos.
- Grupos
de discusión, o focus groups. Es una herramienta
que tiene varias décadas de experiencia acumulada,
que sigue siendo extraordinariamente potente y que
está cobrando máxima vigencia. Para la consulta a
los clientes y el aprovechamiento integral de su inteligencia
y su capacidad de aportación de ideas, sigue siendo
fundamental.
- Entrevistas
en profundidad. Son tan potentes como los
grupos de discusión, y son las herramientas pertinentes
para consultar a ciertos tipos de clientes, a líderes
de opinión, a expertos y/o informantes cualificados.
- Grupos
de creatividad. Se utilizan con mucha menos
frecuencia, pero tienen una gran fecundidad porque
aportan puntos de vista novedosos, muy distintos a
los de los especialistas.
- Sistemas
de gestión de quejas, reclamaciones y sugerencias.
Algunas empresas están tomando plena conciencia de
que las quejas de los clientes son valiosísimas, porque
constituyen una aportación de experiencia y una oportunidad
excelente de aprendizaje, mejora de la calidad e innovación.
El problema es que suelen ser atendidas de un modo
anárquico y casi siempre a disgusto, sin aprovecharlas
a fondo y sistemáticamente. También existe otro problema:
son muchas las empresas que creen que ocupándose de
prestar atención a las quejas y reclamaciones de los
clientes están escuchando de modo suficiente "la voz
del cliente", sin necesidad de hacer estudios de consulta
directa y efectiva.
- Sistemas
participativos. Clubes de clientes, reuniones
con clientes en sus entornos naturales de pertenencias
institucionales, encuentros de diversos tipos… Estos
sistemas suelen ser excepcionales y se utilizan sólo
en casos especiales.
La gestión del conocimiento de
los clientes se realiza, a diferencia de la de los empleados,
por la acumulación de estudios puntuales. Cada
estudio individual tiene capacidad propia para producir
importantes beneficios inmediatos, pero además tiene
efectos acumulativos: cuando se van teniendo varios
estudios distintos, se va generando un aprendizaje,
una "cultura" especial, que no se puede adquirir de
ningún otro modo.
Qué aporta a la empresa
la gestión del conocimiento de los clientes:
- Un
conocimiento más profundo de los productos y servicios
de la propia empresa, por aportar el punto de vista
de los usuarios a partir de su experiencia concreta
de utilización. No sólo la experiencia de
los propios consultados, sino también la de sus familiares,
vecinos, amigos, etc., aportan conocimiento de los
procesos de decisión y compra, de los comportamientos
de uso/consumo, etc.
- Complementariamente
a lo anterior, los clientes producen conocimientos
sobre propiedades funcionales de los productos, aspectos
ergonómicos, amigabilidad…
- También
aportan conocimiento sobre la competencia,
desde su experiencia de uso de productos y servicios.
Y además, a partir de su exposición a las estrategias
de comunicación y de las realidades que perciben,
información sobre la imagen de los productos y servicios
de los competidores entre la clientela.
- Estímulo
para la innovación. Los clientes ayudan a
la detección de huecos y oportunidades
para la empresa.
- Creatividad.
La empresa aplica, desde sus rutinas de gestión y
desde sus conocimientos especializados, un pensamiento
"vertical". Los clientes producen el efecto de un
pensamiento "lateral". Aportan la oportunidad de que
se produzca la chispa creativa por el choque cultural
entre los puntos de vista de la empresa y los de ellos.
- Aportación
a la visión estratégica de la empresa. Por
un lado, como efecto de la movilización intelectual
que se produce en la empresa cuando se hace un estudio
de consulta a los clientes. Por otro lado, como efecto
de la interrupción de la cotidianeidad y el revulsivo
que significa el acto de realización de un estudio.
Y además, por la producción por parte de los clientes
de conceptos, ideas, hipótesis sobre distintas formas
de pensar el negocio, reflexiones sobre formas de
posicionar los productos y servicios, formas de concebir
sus usos y aplicaciones, etc.
- Desarrollo
de
la cultura de cliente en la empresa. Los
estudios de consulta a los clientes propician un efecto
positivo de descentramiento cultural que tanto cuesta
conseguir a la mayoría de las empresas (éstas tienden
a mirar al mundo desde su "microcultura", y en muchos
casos no consiguen ponerse en el lugar de los clientes,
que son y deben ser el centro de su atención).
- Elevación
del tono ético de la empresa. La consulta
a los clientes los hace más visibles y presentes ante
el personal de la empresa, hace más difícil olvidarse
de ellos, subestimarlos, defraudarlos, aplicar prácticas
abusivas, hacer promesas engañosas, etc. La presencia
viva de los clientes y de sus puntos de vista potencia
la identificación y el compromiso de la empresa con
ellos, eleva el listón de autoexigencia en la empresa
y el deseo de atender a sus necesidades, demandas
y expectativas.
- Reforzamiento
de la calidad. Los clientes aportan una función
de consultoría sobre temas de servicio y calidad de
atención al cliente, sobre motivos de satisfacción
e insatisfacción en el uso de productos y servicios.
· Potenciación de la eficacia de la comunicación.
No sólo por la retroalimentación, necesaria para el
emisor, sino porque aportan además la identificación
de posibles líneas de argumentos, tono, temas, sistemas
de metáforas, estilos de lenguaje, etc., aplicables
a una realidad, a un tipo de productos o servicios
para unos públicos determinados.
- Potenciación
del papel del marketing. En muchos casos
la gestión del conocimiento es liderada desde los
departamentos de Recursos Humanos, con el respaldo
político de la alta dirección, y con apoyo funcional
de los especialistas en nuevas tecnologías (concretamente,
las TIC). En otros casos, la intención de desarrollar
un programa de gestión del conocimiento se queda en
la implantación de Intranet y poco más. Es evidente
que toda la empresa debe implicarse y comprometerse
con la gestión del conocimiento, y el Director de
Marketing desde su especialidad tiene un papel fundamental
que cumplir. La consulta a los clientes y la gestión
integral de su inteligencia potencian la importancia
y el papel de los responsables de Marketing en los
programas de Gestión del Conocimiento. A la vez, la
gestión del conocimiento de los clientes y el aprovechamiento
de su inteligencia contribuyen a que toda la empresa
se comprometa con la cultura de marketing y con la
orientación al cliente.
- En
todos los casos, la inteligencia de los clientes aporta
un soplo de aire fresco.
Los servicios de DOXA van específicamente
dirigidos a la gestión de la inteligencia de los clientes
para la eficacia de las estrategias de la empresa.
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