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La Marca es un diálogo
Editorial de
la Newsletter Deusto-Club de Marketing, junio
de 2003
Por Guillermo Bosovsky Favre
Director de DOXA |
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Hoy parece reconocida la importancia de las marcas y
la necesidad, por parte de las empresas, de conseguir
que sus marcas ocupen posiciones destacadas en sus respectivos
mercados.
La
marca es el punto de encuentro entre la identidad y
la imagen de una empresa. Es el resultado de la confluencia
entre la voluntad de los gestores y la percepción
de los públicos.
Por
lo tanto, la gestión estratégica de la
marca es un verdadero "diálogo" entre
los puntos de vista de los máximos gestores de
la empresa, y los de sus empleados, distribuidores y
consumidores.
Es
muy difícil conseguir que una marca se transforme
en líder dentro de su sector cuando la empresa
sigue focalizada únicamente en sus propias preocupaciones
tecnológicas, financieras, legales, logísticas,
y prescinden de los puntos de vista de sus partners
e interlocutores, tanto los de dentro de su propia organización
como los del mercado.
Además, en la actualidad se produce
una conjunción de factores que en muchos casos
relativizan el poder de las grandes marcas:
Por un lado, la emergencia y consolidación de
las marcas de distribuidores.
Por
otro lado, la altísima energía y sofisticación
de las políticas promocionales y las estrategias
de bajos precios, como efectos inevitables de la hipercompetencia,
de la presión de los nuevos sistemas de distribución
y de las crisis económicas cíclicas.
Y
por otro, ciertos cambios en los valores y comportamientos
de una parte de los consumidores, que sufren una fuerte
saturación ante la presión tradicional
de las marcas a través de la publicidad convencional,
y que no necesariamente prefieren las marcas más
notorias sino aquellas que les ofrecen ventajas tangibles
a través de prestaciones, buenos precios, comodidad,
ahorro de tiempo y otros beneficios funcionales.
Y
ante las circunstancias adversas en los mercados, algunas
empresas recaen en la vieja ideología de apostar
por la presión y "manipulación"
de los consumidores, en lugar de cumplir con la necesaria
orientación hacia el cliente, prestando atención
a sus motivaciones en los procesos de elección,
en los momentos de la compra y en los escenarios de
consumo.
En este panorama, sólo llegan
a ser marcas valiosas las de aquellas organizaciones
cuyos gestores tienen una cultura empresarial enfocada
en el medio y largo plazo, que además son capaces
de identificar sus rasgos de identidad, sus propias
competencias y sus valores diferenciales, y que a la
vez tienen los oídos bien abiertos para poder
dialogar con sus interlocutores internos y externos.
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