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Marketing
y cultura de empresa:
¿Los clientes son una amenaza o una oportunidad?
Artículo en la Newsletter
Deusto-Club de Marketing
Por Guillermo Bosovsky Favre
Director de DOXA |
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"Los juicios de valor y
creencias negativas de muchas empresas sobre los clientes
producen efectos destructivos sobre la calidad de sus
relaciones con los mismos, y funcionan como obstáculos
ideológicos muy resistentes para el desarrollo
del marketing relacional".
"Mientras
esas ideas sean dominantes, a veces desde las sombras,
será un ejercicio estéril de buena conciencia
repetir como letanía los tópicos de que
'el cliente es el rey', que 'es necesario mimar a los
clientes' o que 'es importante fidelizarlos'."
¿Qué
representan realmente los clientes en el imaginario
de la empresa? ¿Una amenaza o una oportunidad?
Hoy todo el mundo está de acuerdo
en la idea de que los clientes son extraordinariamente
importantes para las empresas.
Todos
hablan de lo necesario que es "mimar" a los
clientes, producirles satisfacciones, aportarles valor
en nuestros productos y servicios, fidelizarlos, etc.
Algunos
hablan también de la necesidad de conocer a los
clientes, estudiarlos, investigarlos para saber cómo
son, cómo se comportan, cuáles son sus
criterios de decisión de compra, sus hábitos
de consumo, etc.
Incluso
muchos hablan de la necesidad de establecer fuertes
relaciones funcionales y emocionales con los clientes
a lo largo del tiempo, y hacen esfuerzos extraordinarios
para reunir todo tipo de datos sobre ellos y sobre los
episodios de su vinculación (compras, contactos,
uso de servicios, incidencias...).
De
hecho, muchas empresas han emprendido el camino de la
implantación de modelos C.R.M. para la gestión
inteligente de informaciones sobre sus clientes en el
marco de la intención de desarrollar un marketing
de relaciones con los mismos.
Todas
estas ideas y convicciones se han establecido como doctrina
"oficial" en el escenario empresarial actual.
Han aportado nuevas sensibilidades y exigencias a los
gestores, y han propiciado cierta evolución en
las estrategias, en los procedimientos de trabajo y
en los discursos éticos de las empresas.
El marketing relacional, más
allá de las anécdotas de sus realizaciones
concretas, y más allá de las limitaciones
de muchos de sus usuarios y de implantadores de soluciones
enlatadas, representa un gran paso de avance en el camino
de la orientación de las empresas hacia los clientes
y de su capacidad para optimizar y rentabilizar las
relaciones con ellos.
El
marketing en general ha cumplido un importante papel
en este proceso, por su aportación no solo a
la modernización de las empresas, sino también,
particularmente, a su capacidad de evolución
hacia la atención más cuidadosa de las
realidades y las necesidades de los consumidores.
Pero
a pesar de su papel modernizador y ético, muchas
veces hemos tenido que lamentar la mala imagen que del
marketing difunden los medios de comunicación,
que lo presentan como un conjunto de prácticas,
más o menos pícaras, de maquillaje y de
presión, con la supuesta intención de
crear necesidades falsas, vender "espejitos de
colores", y llevar a la sociedad a un hiperconsumismo
a través de la implantación de valores
frívolos, depredadores, oportunistas... prácticas
al servicio de un supuesto afán desmedido de
lucro por parte de las empresas.
Y
estos prejuicios y suspicacias de los medios de comunicación
no son más que un reflejo de los que tiene el
conjunto de la población. Los consumidores, clientes
de las empresas, ciudadanos, usuarios y beneficiarios
de servicios y productos, evidentemente, sienten desconfianza
hacia el marketing, y rechazo hacia una parte de sus
prácticas.
¿Esta
desconfianza y este rechazo son solamente producto de
prejuicios y malentendidos? ¿O las prácticas
del marketing dan pie a una parte de las críticas
que habitualmente se les dirige?
Evidentemente, el ser humano y sus organizaciones
tienen una gran capacidad depredadora, muchas veces
con una visión focalizada en intereses unilaterales
de corto alcance, y además los responsables de
las empresas se ven presionados extraordinariamente
por un escenario competitivo despiadado. Esto lleva
a muchos de ellos, independientemente de sus declaraciones
de comulgación con los principios del marketing
relacional, a mantenerse dentro de las ideologías
y las prácticas de un marketing tradicional,
centrado en la presión sobre la masa de clientes
potenciales para intentar forzar el volumen de ventas
a corto plazo.
El
marketing en general y el marketing relacional no han
servido suficientemente como vacuna para que muchas
empresas eviten tener una visión unilateral,
centrada en el orgullo de su identidad y de sus productos,
y focalizada solo en los propios intereses a muy corto
plazo.
Y
mientras muchos responsables de las estrategias de las
empresas siguen complaciéndose en el orgullo
de su auto-imagen complementariamente tienen -en forma
consciente o no- una serie de prejuicios altamente negativos
sobre los clientes.
Sus
juicios de valor negativos sobre los clientes no son
totalmente irracionales. En sentido estricto, en muchos
casos tienen razón y se basan en experiencias
que han tenido al respecto. Sin embargo, son solo una
parte de la realidad, una parte negativa en medio de
una complejidad de situaciones éticas y funcionales
que también tienen muchos componentes de nobleza,
de legitimidad y de inteligencia.
Los
juicios de valor y creencias negativas de muchas empresas
sobre los clientes producen efectos destructivos sobre
la calidad de sus relaciones con los mismos, y funcionan
como obstáculos ideológicos muy resistentes
para el desarrollo del marketing relacional.
A continuación enumeramos algunas
de las ideas y prejuicios que hemos escuchado en numerosas
reuniones de trabajo en diversos tipos de empresas:
1.
Denigración creativa:
- "Los clientes son conservadores: frenan la
innovación".
- "Los clientes asfixian la creatividad".
2. Subestimación intelectual:
- "Los clientes no conocen nuestro negocio".
- "Los clientes no saben utilizar nuestro producto".
- "Los clientes son perezosos para entender".
- "Los clientes son vulnerables a la demagogia
de nuestros competidores. Se dejan engañar
con beneficios falsos".
3. Ilusión depredadora:
- "Es más eficaz y rentable ofrecer un
buen señuelo que un beneficio real".
4. Subestimación ética:
- "Los clientes son actual o potencialmente
deshonestos".
- "Los clientes son potencialmente hostiles".
- "Los clientes son impacientes".
- "Los clientes son insaciables: nada los satisface".
- "Los clientes son por naturaleza infieles
y oportunistas".
5. Racionalización de la prepotencia
intelectual:
- "No tenemos nada que aprender de los clientes:
ellos no conocen lo que se está cociendo en
el mercado, en la tecnología, en los proyectos
y en las estrategias de los competidores".
- "Los clientes mienten, o se equivocan, cuando
interpretan la realidad (incluida la realidad de sus
propios comportamientos y sus propias motivaciones)".
- "Está demostrado que la investigación
de mercados se suele equivocar. La investigación
no es infalible".
- "La investigación de mercados no es
realmente necesaria: nuestra empresa ya tiene demasiada
información".
6. Miopía transaccional:
- "Los clientes, por definición, miran
solo por sus intereses: ellos no van a cuidar los
intereses de nuestra empresa".
Resumen
de estas ideas: "LOS CLIENTES REPRESENTAN UNA AMENAZA"
Es evidente que la existencia de estas
ideas y creencias negativas en directivos, vendedores
y prestadores de servicios "envenenan" sus
relaciones con los clientes, e impiden el desarrollo
de un auténtico marketing relacional.
¿Debemos
resignarnos a soportar la presión de este tipo
de ideas como parte inevitable del folclore que nos
ha tocado vivir? ¿Podemos desarrollar un verdadero
marketing de relaciones si aceptamos convivir con estos
prejuicios destructivos?
Responder
que no a ambos interrogantes es una condición
para no reducir los esfuerzos del marketing relacional
a unas medidas bienintencionadas pero poco eficaces
para modificar rutinas que llevan demasiado tiempo instaladas.
Mientras esas ideas sean dominantes,
a veces desde las sombras, será un ejercicio
estéril de buena conciencia repetir como letanía
los tópicos de que "el cliente es el rey",
que "es necesario mimar a los clientes" o
que "es importante fidelizarlos". Hemos visto
demasiados ejemplos de la capacidad de claudicación
del marketing en entornos de cierta subestimación
y desprecio hacia los clientes.
Consideramos
necesario remover esos obstáculos ideológicos.
La formación y la comunicación interna
tienen un papel importante que cumplir. La investigación
de mercados basada en la escucha de los clientes ofrece
herramientas de facto para abrir las mentes y potenciar
en las empresas la cultura de cliente. Y también
es importante el papel del marketing en general como
motor de la consolidación de convicciones positivas
respecto a los clientes.
Para
conseguir realmente una orientación hacia los
clientes, y lograr que el marketing relacional sea algo
más que una simple declaración de buenos
propósitos, o una simple implantación
de ciertos soportes tecnológicos para gestionar
datos, es necesaria la inversión de esfuerzos
en el desarrollo de una cultura de empresa estimulada
por conceptos más constructivos respecto a los
clientes. Por ejemplo:
- "Es
rentable escuchar a los clientes, y darles juego para
que aporten valor y eficacia a nuestros proyectos".
- "Aprendamos
de nuestros clientes".
- "Dejémonos
sorprender por nuestros clientes".
- "Permitamos
que nuestros clientes despierten nuestra ilusión".
- "Los clientes
son un factor de innovación".
- "La investigación
no sirve solo para estudiar a los clientes: también
sirve para escucharlos, y escuchar a los clientes
siempre aporta un soplo de aire fresco a los proyectos".
- "El capital
intelectual de los clientes es un activo de nuestra
empresa".
- "Transformemos
la inteligencia de nuestros clientes en una ventaja
competitiva" .
Resumen
de estas ideas:
"LOS
CLIENTES REPRESENTAN UNA OPORTUNIDAD"
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